El segundo día ya comenzabamos con el horario normal de clases. Yo me agobié porque empezaron a decirnos ya fechas de exámenes, libros que tendríamos que leer, prácticas, películas, etc. Este día fue el más duro ya que nos dieron muchísima información. Pero cuando al salir llegué a mi casa, pude comprobar en la página de la universidad que ahí tenía todos los apuntes y todo lo que tenía que hacer, así que me descargué todos los documentos que había publicados, los imprimí y empecé a estudiar, ya desde el primer día.
El resto de la semana fue mejorando y además me empezó a gustar cada vez más esta nueva experiencia.